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“Ciudad Bolívar es una localidad de luchadores, es una localidad donde de verdad nos ha tocado amarrarnos las botas y lo que tenemos hoy no ha sido gratis, lo que tenemos no lo hemos ganado con esfuerzo, con sudor y eso es lo que vale”[1], con tres montañas habitadas por poblaciones que viven a la periferia de oportunidades laborales, educativas, políticas y que a pesar de esta situación siguen construyendo tejido social a partir de la articulación de las diferentes organizaciones que han emanado de los procesos de resistencia y lucha por |
la reivindicación y garantía de los derechos, los y las habitantes de esta localidad construyen territorio a partir de sus experiencias, de sus trabajos informales como recicladores, vendedores y otros como profesionales y empleados que intentan sobrevivir con un salario mínimo, personas que cada día salen de este territorio a portar en la construcción de la Ciudad, de la misma forma se encuentran pobladores víctimas del conflicto armado, víctimas de una guerra que lleva más de 60 años y que aunque existen leyes como la 975 de 200- ley de Justicia y Paz y la ley 1448 de 2011 - Ley de víctimas y restitución de tierras, las cuales promueven la verdad, la justicia, la reparación y garantía de no repetición, estas no se aplican de la mejor manera, encontrando víctimas hablando de ayudas y no de derechos, niños, niñas y adolescentes fuera del sistema educativo muchos de ellos porque al llegar a Bogotá no cumplen con los requisitos formales de documentación para poder ingresar al colegio, o porque no tienen uniforme y son expulsados socialmente o simplemente porque desconocen los procedimientos para poder rápidamente asumir la escuela, también se evidencian mujeres solas con sus hijos e hijas que al llegar deben arrumarse donde algún vecino, un familiar limitando su acción quedando abandonadas a su desesperanza, “son ricos en su región mendigos en Bogotá”. Campesinos y campesinas de diferentes regiones (los llanos, región andina, del Caribe y el pacífico, entre otros) que lo han perdido casi todo y llegan a ocupar barrios informales que los acogen, es así como esta sociedad sigue resistiendo la guerra y mitigando a diario con sus propios ciudadanos la violencia, construyendo nuevos sentidos y a partir de sus movilizaciones avanzando hacia la construcción de la paz, es de saber que muchas de estas personas jamás han conversado sobre lo sucedido, sobre aquellas situaciones de la guerra, sobre sus pérdidas y de igual forma los habitantes antiguos de esta localidad muy pocas veces han relatado cómo han aportado en la construcción de estas lomas, desde este panorama es que se genera buscar colectiva las historias, pues es necesario resaltar y no dejar perder las memorias e historias para seguir fortaleciendo el territorio.
Desde la anterior mirada, y con necesidad de seguir construyendo propuestas que lleguen a los pobladores y que ayuden al fortalecimiento de las comunidades es que se propone la estrategia de la pedagogía de la memoria, es así como se manifiesta la alternativa de que sea la educación popular como práctica crítica que es inherente a los contextos políticos, sociales, económicos y culturales y en el marco de enseñar y aprehender desde el respeto, la solidaridad, amistad y afecto entre los grupos que asuma este reto la cual resalte las voces de las comunidades llegando a los diferentes territorios, a través de una metodología que permita conversar sobre las diferentes situaciones que viven los pobladores, entre ellos, el proceso de negociación de paz en la habana entre el grupo guerrillero de la FARC y el Gobierno del presidentes Santos, que admita entrar a discutir entre todos y todas esta realidad, una realidad que resalta las voces silenciadas por medios masivos de comunicación, por personas que creen tener el control territorial y dicen que se cuenta y que no, o por medio de lo vivido y que vuelva a ocurrir, voces que desde hace años están esperando poder gritar sus vidas y sus procesos y desde esta postura es que se escribe este libro
[1] Andrety Menjura. Partir de lo que somos, Ciudad Bolívar, Tierra, Agua y Luchas. Pág. 181. Bogotá 2014.




















